Calculadora clínica · Neurología y neurocirugía
No toda hemorragia espontánea es hipertensiva. Esta escala estima cuánta probabilidad hay de que detrás del hematoma exista una malformación, un aneurisma o una fístula, y por lo tanto si vale la pena el estudio vascular.
Ante una hemorragia intracerebral espontánea, la explicación más frecuente en el paciente mayor con hipertensión de larga data es la enfermedad de pequeño vaso, con hematomas en ganglios basales, tálamo, protuberancia o cerebelo. Cuando el paciente no encaja en ese perfil, la probabilidad de una lesión vascular subyacente sube.
La distinción no es académica: una malformación arteriovenosa, un aneurisma o una fístula dural tienen tratamiento específico y riesgo de resangrado, y encontrarlos cambia por completo el plan.
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Crear mi cuenta gratisEl paciente joven, sin hipertensión conocida, con un hematoma lobar y sin coagulopatía es el retrato de la hemorragia secundaria. En ese escenario, no estudiar el árbol vascular deja al paciente expuesto a un resangrado que era prevenible.
A la inversa, el hipertenso de setenta y cinco años con un hematoma putaminal típico rara vez esconde una lesión vascular, y el estudio invasivo aporta poco frente a su riesgo.
Un estudio vascular negativo en la fase aguda no descarta del todo una lesión subyacente: el hematoma puede comprimir la malformación y ocultarla. En pacientes con alta sospecha clínica, la práctica habitual es repetir el estudio tras la reabsorción del hematoma, semanas después del evento.
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