Copiloto clínico con inteligencia artificial
DoctIA razona el diferencial, cuestiona su diagnóstico, revisa el esquema farmacológico, calcula escalas y consulta guías oficiales que están descargadas en el servidor. Y lo hace donde usted ya trabaja: en el expediente del paciente.
Un chat de propósito general responde cualquier cosa con el mismo formato: un texto corrido. Un copiloto clínico hace otra cosa. Reconoce qué tipo de pregunta le están haciendo —un diferencial, una interacción, un ajuste de dosis, una justificación ante la EPS— y responde con la estructura que esa pregunta necesita, con las probabilidades ordenadas, las dosis completas o el algoritmo dibujado.
La diferencia práctica se nota antes de enviar la pregunta. Mientras usted escribe el caso, DoctIA ya está eligiendo la herramienta y mostrando qué entendió: la edad, el sexo, el tiempo de evolución, los signos vitales, los medicamentos y las banderas rojas quedan a la vista en fichas. Si interpretó mal un dato, usted lo ve antes de que responda, no después.
No es un modelo con veinte nombres distintos: cada herramienta tiene su propia instrucción, su propia estructura de respuesta y sus propias reglas sobre qué no puede afirmar.
Puede tener su primera historia clínica firmada esta misma tarde: la cuenta se crea en dos minutos y no pide tarjeta.
Crear mi cuenta gratisFrente a un caso, DoctIA no devuelve una lista de enfermedades: devuelve hipótesis con probabilidad, ordenadas por lo que de verdad es frecuente en Colombia, y separa de ellas un bloque distinto con lo que mata al paciente si se pasa por alto aunque sea poco probable.
Después dice qué estudio discrimina entre esas hipótesis —del más barato y disponible al más complejo— y, sobre todo, qué dato de la anamnesis o del examen le falta y cambiaría el orden. Esa última parte es la que convierte una respuesta en una consulta útil: le dice qué preguntar.
Prometer «conductas según las últimas guías» solo es defendible si hay un documento leído detrás. Por eso DoctIA mantiene una biblioteca de guías clínicas en su propio servidor: un proceso automático descarga los PDF oficiales cada madrugada, les extrae el texto y lo deja indexado para búsqueda.
Cuando la pregunta lo amerita, DoctIA recupera los fragmentos pertinentes y responde con ellos delante, citando la entidad y el año. Y cuando no encuentra nada aplicable, lo dice: marca la respuesta como conocimiento general que hay que verificar. Es la diferencia entre citar y recordar.
Un modelo de lenguaje recitando de memoria las once variables fisiológicas del APACHE II es una apuesta. Una suma en código no lo es. Por eso el reparto de tareas es explícito: el modelo lee el caso en texto libre y propone qué escala corresponde y qué variables tiene; el motor de cálculo produce el número.
Si falta una variable, no se asume: se marca como faltante y se muestra el rango posible del resultado. Las 25 escalas disponibles están publicadas con sus umbrales para que cualquiera pueda verificarlas.
La parte más importante de una herramienta clínica con inteligencia artificial es lo que se niega a hacer. Estas reglas están escritas en las instrucciones de cada herramienta, no son una promesa de folleto.
En la demostración pública de la portada no se guarda nada de lo que se escribe: solo queda registrado qué herramienta se usó y cuántos caracteres tenía la consulta. La razón es concreta: en una caja pública un profesional puede pegar datos de un paciente real sin pensarlo, y eso sería tratamiento de dato sensible sin autorización.
Dentro de la aplicación, lo que DoctIA produce queda en la historia clínica del paciente, sujeto a la misma reserva que el resto del expediente y a las obligaciones de la Ley 1581 de 2012 sobre datos sensibles en salud. Usted revisa y edita todo antes de firmar; la firma sigue siendo suya.
Una herramienta de inteligencia artificial en otra pestaña obliga a copiar el caso, pegarlo, leer la respuesta y volver a transcribir lo que sirve. Eso es más trabajo, no menos, y multiplica las oportunidades de que un dato del paciente termine donde no debe.
El copiloto vive dentro de DoctIA, al lado de la historia clínica que usted está escribiendo: el mismo paciente, la misma consulta, el mismo diagnóstico codificado. Lo que decida quedarse, se queda en la evolución; lo que no, se descarta.
El copiloto viene incluido en DoctIA, sin cobro aparte y sin límite por consulta. El plan es único: 30 días de prueba sin tarjeta y luego $250.000 COP el primer año, con todas las funciones —historia clínica, agenda, reservas en línea, RIPS, consentimientos y copiloto— dentro del mismo precio.
Puede probarlo antes de crear la cuenta: en la portada de DoctIA hay una demostración pública donde se escribe un caso y se ve responder al copiloto en vivo.
Copiloto clínico e historia clínica electrónica en el mismo lugar. 30 días de prueba, sin tarjeta.
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